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Tu laboratorio de ecología

El laboratorio de ecología de un naturalista aficionado es la habitación donde expone sus hallazgos y organiza y pasa a limpio el trabajo de campo.

La pasión por la naturaleza no es una afición que salga muy cara. Sólo se necesita un cuaderno, un lápiz y ganas de caminar y hacer descubrimientos. Es cierto que se puede ampliar con una buena lupa, unos prismáticos -que tampoco tienen que ser caros-, una cámara fotográfica, que sí, es cara o muy cara, pero para documentar la gran mayoría de nuestros hallazgos será suficiente con la que llevamos en nuestro teléfono móvil.

El laboratorio de ecología de un naturalista aficionado es la habitación donde expone sus descubrimientos, investigaciones, hallazgos y colecciones

Pero hay un complemento que tiene un valor incalculable para un naturalista o ecólogo: es su espacio, ese rincón de su hogar donde tiene expuestos los hallazgos de sus salidas a la naturaleza, donde guarda sus libros, donde archiva sus notas… su laboratorio de ecología.

Cómo organizar el laboratorio de ecología de un naturalista aficionado

Los naturalistas más afortunados tendrán un cuarto para su uso exclusivo de su laboratorio. En él dispondrán al menos de un armario con múltiples puertas y varias estanterías para guardar los libros, el equipo fotográfico, el material reutilizable que no estemos empleando, como recipientes, acuarios, bolsas de plástico, redes, alcohol…

Puesto que no existen problemas de espacio, se puede tener una mesa de trabajo con cajones, mejor cerca de la ventana, quizá con un ordenador. Nos permitirá gestionar, organizar y almacenar nuestras colecciones de fotografías de fauna y flora, los audios de sonidos de animales o llevar un blog con nuestras actividades.

Distribución del laboratorio de ecología de un naturalista aficionado

Otra mesa u otra superficie la emplearemos para exhibir los ejemplares hallados en nuestras salidas al campo, hacer experimentos, etc. Los ejemplares más interesantes estarán de forma permanente o hasta que nos cansemos de verlos y los guardemos, pero probablemente la mayoría serán ejemplares temporales y quizá perecederos, como flores en primavera, diversos frutos en otoño, plumas de aves… También puede haber ejemplares vivos, como insectos acuáticos en una pecera, orugas, para observar su transformación en mariposas, etc.

Todos los especímenes deben estar etiquetados con la fecha, el lugar donde se recogieron, su nombre si lo conocemos y cualquier otro dato que nos parezca interesante.

En las paredes pueden colgarse colecciones naturales permanentes enmarcadas, murales con los resultados del estudio de un biotopo o un espécimen como puede ser una especie arbórea, el plan de estudio, de salidas, o de proyectos, si los tenemos, etc.

Qué podemos hacer si no disponemos de una habitación exclusiva para nuestro laboratorio de ecología

Pero no todo el mundo puede disponer de una habitación –que no sea su dormitorio- para su uso exclusivo de un laboratorio de ecología casero, y tampoco es necesaria. Si sabemos organizarnos nos bastará una mesa, el alféizar de una ventana o un trozo de pared en el que podemos disponer una plancha de corcho y unas estanterías.

No debemos lamentarnos del espacio que no tenemos, sino utilizar el ingenio para sacar todo el partido al rincón del que dispongamos. Una mesa bien aprovechada nos proveerá de una superficie de trabajo y exposición, sobre ella podemos colocar unas estanterías que pueden contener nuestros libros, herramientas y ejemplares; y al lado una plancha de corcho para exponer nuestras mejores fotos, las de los descubrimientos más recientes, el plan de trabajo, proyectos, etc.