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En nuestras salidas al campo es muy fácil encontrarnos con diversas especies de aves. Por el contrario, con frecuencia regresaremos a casa sin haber podido observar a ningún mamífero. O quizá, si hemos sido afortunados, habremos visto un conejo o una ardilla.
Las razones principales de esto son que la mayoría de los mamíferos son criaturas tímidas, huidizas, que tienen un olfato prodigioso y suelen tener hábitos nocturnos o crepusculares. Por tanto, si queremos realizar observaciones provechosas debemos tener todo esto en cuenta y escoger el crepúsculo y la noche para observarlas.
Naturalmente no vamos a vagabundear por el bosque durante
toda la noche. Eso sería peligroso y probablemente
los animales nos oirían u olerían. Lo mejor
es recorrer y observar detenidamente la zona durante el día
en busca de rastros, huellas, deyecciones, entradas a madrigueras,
etc. Que nos indiquen qué especies podemos observar.
También es importante recopilar información
y leer sobre estas especies, pues cuanto más conozcamos
sus hábitos mayores posibilidades de éxito tendremos
a la hora de organizar una salida.
Una vez escogida la zona que vamos a observar, buscaremos
al menos dos puestos distintos de observación para
poder escoger luego el mejor en función de la dirección
del viento. Los puestos han de ser lo más cómodos
posible, ten en cuenta que podrías pasarte varias horas
sentado. Así que no estaría de más escogerlos
donde puedas tener la espalda apoyada.
Podemos atraer a pequeños roedores ofreciéndoles
un cebo: granos, frutos secos, tocino...
Debemos llevar ropas oscuras que nos proporcionen suficiente
abrigo y una linterna con el foco cubierto por un plástico
rojo, ya que los animales nocturnos son menos sensibles a
esta luz. Existen en el mercado unas mantas de camuflaje que
imitan a una superficie cubierta de hojas y pueden ser útiles
para disimular nuestra presencia. Si no, cubrirnos con cualquier
otra manta oscura o simplemente permaneciendo inmóviles
y en silencio puede ser suficiente para pasar desapercibidos.
Debemos llevar algo de comer y beber en recipientes que no
sean ruidosos. Un termo con café caliente puede ser
una bendición.
Si disponemos de una cámara fotográfica con
flash podemos fotografiar a los animales, pero hay que tener
en cuenta que el destello puede asustarlos y hacer que no
vuelvan en toda la noche.
Anotaremos en nuestro cuaderno, como siempre, el lugar, fecha y hora de la observación, condiciones meteorológicas y del medio, actitudes de los animales y toda observación que nos parezca útil o interesante.
Si no queremos o no podemos salir a observar a los mamíferos por la noche, aún tenemos otras alternativas.
Podemos estudiar los micromamíferos de una zona con ayuda de trampas que nos permitan capturarlos vivos. Existen trampas para estas actividades que se venden en tiendas especializadas en material para el estudio de la naturaleza, pero también podemos confeccionarla nosotros mismos.
Las colocaremos en diferentes zonas: setos, bordes de carreteras, linderos de praderas, lugares donde observemos rastros de micromamíferos, etc y observar que especies encontramos en cada una.
Para atraer a los animales usaremos diferentes cebos: frutos secos, tocino, bizcochos, etc. Si queremos cazar musarañas es buena la comida para perros o gatos.
Normalmente capturaremos ratones, topillos o musarañas, aunque también podría caer ocasionalmente alguna comadreja, un pequeño y bonito carnívoro que debemos manipular con cuidado, pues sus mordiscos pueden ocasionarnos importantes heridas. Si no disponemos de un modo de resguardar las manos, lo mejor es simplemente liberarla.
Hay que revisar las trampas varias veces al día y siempre a primera hora de la mañana y a última de la tarde. Los ratones caerán con frecuencia de noche, pero los topillos y las musarañas pueden tener actividad diurna y las musarañas en concreto poseen un metabolismo tan acelerado que pueden morir si se pasan unas horas sin comer.
Podemos vaciar las capturas en una bolsa de plástico, pesarlas con un dinamómetro, anotar la especie, el sexo, el lugar donde la capturamos, el cebo usado, las condiciones climatológicas, etc. Si hacemos al animal una pequeña marca cortándole un pequeño mechón de pelo del lomo sabremos cuantas veces lo hemos capturado y podremos hacernos una idea del número de individuos que viven en una determinada zona.
La trampa que os mostramos aquí la podéis fabricar vosotros fácilmente. Es un simple cajón de madera con una puerta basculante. El mecanismo que acciona el cierre de la puerta es un alambre sujeto a la base del cajón como podéis ver en la ilustración. El cebo está elevado unos centímetros sobre el suelo. Cuando la presa apoya sus patas sobre el cebo, desliza el alambre que sujeta la puerta y ésta cae atrapando vivo al animal. Es importante asegurarse de que la puerta desliza bien. En la parte de atrás debe tener también otra puerta para poder colocar el cebo.
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