El agua ejerce una gran fascinación sobre las personas, sólo hay que fijarse en la tendencia natural que tienen todos los niños pequeños de pisar los charcos.
Para el naturalista es un medio fascinante que no requiere de grandes recursos para su estudio. Sólo necesita su inseparable cuaderno de campo, una o más redes de varios tamaños, varios tarros (mejor transparentes y de plástico) para guardar las muestras y una bandeja blanca que será útil para observar los especímenes.
Lo que encontremos dependerá, indudablemente, de la época del año y del tipo de ambiente: aguas estancadas, arroyos, tramos altos, medios o bajos de los ríos, etc.
Incluso una pequeña charca que se seca con los calores del verano es un hervidero de vida cuando llega la primavera. Muchos insectos acuáticos, como los zapateros, que se desplazan sobre la superficie del agua, o los ditiscos, grandes escarabajos buceadores, enseguida colonizan las charcas y aguas estancadas. Otros acuden a poner sus huevos, como los mosquitos o las libélulas.
Los
anfibios también son muy comunes en el medio acuático.
La rana común (Rana ridibunda) y la rana de San Antonio
(Hyla arborea) permanecen todo el año cerca del agua.
La última gusta de las masas de vegetación que
se forman en las orillas. Ciertas especies como la rana bermeja
(Rana temporaria) o la rana patilarga (Rana ibérica),
ambas de tonos marrones, prefieren las corrientes y los arroyos
de los tramos altos de los ríos. Los sapos, en cambio,
sólo acuden al agua durante la reproducción.
Si nos acercamos con cuidado a una charca al anochecer de
las primeras noches cálidas de la primavera disfrutaremos
del concierto que ofrecen para atraer a las hembras. Las ranas
ponen sus huevos en grumos, en tanto que los sapos los ponen
en tiras alargadas. A veces realizan la puesta en charcos
que se secarán antes de que los animalitos terminen
su metamorfosis.
Descubrir el primer tritón es un acontecimiento muy emocionante para un naturalista. Algunos son verdaderamente hermosos, como el tritón jaspeado (Triturus marmotarus). El macho presenta durante la reproducción una gran cresta que va desde la base de la cabeza hasta el final de la cola, con una pequeña interrupción al principio de ésta. Tras la reproducción, la cresta disminuye en tamaño. Las hembras, en lugar de cresta, presentan una línea anaranjada. Pone sus huevos uno por uno en el envés de las hojas de las plantas acuáticas. Es una especie difícil de ver, a no ser en primavera, cuando se acerca al agua para reproducirse. También las salamandras dependen del agua en un momento de su vida. Aunque se aparean fuera de ella y los huevos se desarrollan en el interior de la hembra, ésta los pare en el agua envueltos en una membrana de la que se desprenden enseguida. El tritón Ibérico, al contrario que el jaspeado, pasa toda su vida en las aguas de las partes más altas de los ríos.
Si
tienes suerte quizá puedas encontrar alguna culebra
de agua como la culebra viperina (Natrix maura) o la culebra
de collar (Natrix natrix). Las dos son completamente inofensivas
y ni siquiera muerden cuando se las coge, aunque pueden expeler
un olor desagradable por la glándula anal. La culebra
de collar suele tener un collar amarillo por el cuello que
la hace fácilmente identificable. La culebra viperina
presenta una coloración en zigzag que le da cierto
parecido con las víboras, incluso deforma la cabeza
para darle apariencia triangular, silba y hace ademán
de atacar cuando se siente acorralada pero, como dijimos antes,
no llega a morder. Es una especie mucho más acuática
que la culebra de collar, que también se puede encontrar
en prados, setos y zonas secas. Ambas pueden alcanzar un tamaño
considerable, próximo al metro de longitud, y esta
última incluso superarlo... si se les deja, claro.
Muchas aves están especialmente adaptadas para vivir y obtener su alimento del agua. El mirlo acuático (Cinclus cinclus), de color pardo oscuro con el pecho blanco, es una de las más frecuentes. Suele pasar volando como una flecha a ras del agua y es fascinante ver como se zambulle y vuela literalmente bajo el agua en busca de los insectos que constituyen su dieta. También son frecuentes las lavanderas, con el incesante oscilar arriba y debajo de su cola mientras buscan insectos entre las piedras. Pero, sin duda, la joya de los arroyos es el martín pescador, con su hermoso plumaje azul y naranja.
Los mamíferos emblemáticos de estas zonas, como la nutria (Lutra lutra) y la rata almizclera o desmán de los Pirineos (Calemys pyrenaicus), inconfundible por su largo hocico y su nadar inquieto entre las piedras del fondo del río, son cada vez más escasos debido a la destrucción de su hábitat y a la contaminación de las aguas.
| Qué equipo necesitas | |
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Necesitaremos
una o varias redes de diferentes tamaños para
extraer a los animalitos del agua. Podemos confeccionarlas
nosotros mismos en lugar de comprarlas. |
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Recipientes para guardar
los especímenes. Mejor los de plástico
que los de cristal, que podrían rompérsenos
con facilidad. Cuando recojamos pececillos, debemos
meterlos en recipientes grandes o usar bolsas de plástico
fuertes, como las que usan en los comercios de acuarios,
y llenar 1/3 de agua y dejar el resto de aire. Naturalmente
hay que introducirlos lo antes posible en nuestra pecera. |
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Una bandeja blanca de plástico
con las paredes altas u otro recipiente similar nos
servirá para observar con detenimiento los especímenes,
y tomar anotaciones sin que huyan. Para observar a las
ranas tendremos que introducirlas en un recipiente transparente. |
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Con unas botas altas de
goma podremos meternos en el agua sin mojarnos. Si hace
calor y el agua no está muy fría también
podemos usar unas sandalias de río y unos pantalones
cortos. |
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Nuestro cuaderno de campo
siempre nos acompañará a todas nuestras
salidas. Aunque en nuestra excursión por el campo
no hayamos proyectado detenernos a observar a fauna
y la flora minucuisamente, nunca se sabe qué
podemos descubrir por casualidad. Más
información>> |
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