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No
sólo es importante conocer las plantas de las que podemos
valernos (alimento, medicina etc.), si no también aquellas
que nos pueden dañar, y comer los frutos de la hiedra,
tan común, puede provocarte la diarrea más espantosa
de tu vida; unas pocas bastan para matar a un niño.
Eso no significa que sea una planta maldita de la que haya
que huir, pues plantas mucho más venenosas se han empleado
con éxito en medicina y otros campos. Y esta, con algunas
precauciones, también puede sernos útil.
Son suficientes 2 ó 3 bayas de hiedra para provocarle
a un niño una intoxicación grave. Provocan
vómitos, diarrea, sarpullidos, convulsiones, delirio
fiebre y estado de coma según la gravedad de
la intoxicación. Se recomienda provocar el vómito
y el lavado de estómago.
La propia savia de la planta puede producir, en algunas personas
sensibles, reacciones alérgicas.
La hiedra puede resultar muy útil al aventurero gracias
a sus propiedades como cicatrizante
y analgésico, pero no hay que olvidar lo dicho
en el apartado toxicidad; y, puesto que la farmacia natural
es tan amplia, probablemente sería mejor utilizar otra
planta de efectos similares y sin riesgos para la salud.
En todo caso, el uso externo parece el menos peligroso (sin
olvidar el aspecto de las reacciones alérgicas).
Se puede emplear esta planta en forma de compresa empapada
en la decocción de las hojas o simplemente aplicando
las hojas directamente y sujetándolas con una venda
(cataplasma), en casos de heridas, grietas
o úlceras de la piel. De este mismo modo se
puede emplear en casos de celulitis,
para desinflamar los tejidos subcutáneos. En casos
de dolores reumáticos y neuralgias
(afecciones cuyo síntoma principal es el dolor a lo
largo de un nervio. El más frecuente es el que afecta
al nervio ciático) se recomienda también el
baño al que se añade la decocción de
las hojas que, además, relaja. Tanto el baño
como las compresas o las cataplasmas calman el dolor y disminuyen
la inflamación. La decocción para las compresas
y el baño se prepara con unos 30gr. de hojas por litro
de agua.
El uso externo es desaconsejado por algunos autores, Dieter
Podlech la clasifica como no apta para auto terapia. En cambio,
M. Pahlow en "El gran libro de las plantas medicinales"
de Ed. Everest asegura que no son de temer efectos secundarios
en dosis normales. También en "Secretos y virtudes
de las plantas medicinales" de Selecciones del Reader's
Digest se nos advierte que han de respetarse las dosis.
Se recomienda con mucha frecuencia para las afecciones bronquiales,
como bronquitis, asma o tos ferina;
también contra el catarro y la
tos. Se puede tomar en infusión de la siguiente
manera: una cucharadita de planta por taza, se hierve, se
deja reposar 10 minutos y se cuela.
En uso interno (infusión) se deben emplear siempre
las hojas secas, jamás frescas.
Se pueden recolectar todo el año, aunque no existe
unanimidad en este tema. Algunos recomiendan agosto y septiembre
como la mejor época; otros, otoño, antes de
la floración. También hay quien prefiere las
hojas jóvenes que se encuentran cerca de las flores
a finales de otoño. Se secan al aire.
Antiguamente se pensaba que la hiedra era una planta parasitaria que asfixiaba a su huésped; pero no es así, sus raíces sólo se aferran a él para emplearlo como soporte.
Algunos autores recogen un uso antiguo que consistía
en aplicar la goma de hiedra -probablemente obtenida hirviendo
la savia- sobre las caries y las muelas
doloridas. Esta goma también se ha usado como
depilatorio.
También se empleó para teñir telas de
diversos colores: amarillo, verde grisáceo o rojo,
según se emplearan las bayas, las hojas o la savia.
Esta última, también se utilizó en tiempos
contra los piojos.
La madera de hiedra es muy blanda y porosa, arde rápidamente
y desprende una llama muy viva.
La hiedra es una planta trepadora que puede crecer cubriendo el suelo o, con más frecuencia, aferrándose con sus raicillas y muros a árboles y trepar hasta 15 ó 20 metros de altura (según algunos autores, hasta 50 metros). Las flores son pequeñas, poco vistosas, de color verdoso y con 5 pétalos, y están dispuestas en racimos. Las hojas adoptan formas muy variadas, desde ovaladas o elípticas cerca del racimo, hasta triangulares y con 3 ó 5 lóbulos. Los frutos son bayas de color verde cuando están inmaduras y negro cuando han madurado. Dentro tienen entre 4 y 5 semillas.
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