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Estudio y conservación de nidos abandonados

Manual del naturalista (cómo observar la naturaleza)

Los nidos de las aves también son objeto de estudio de los naturalistas y particularmente de los ornitólogos. La mayoría de las aves hacen nidos nuevos todos los años, así que no supondrá un problema para ellas que los recojamos. Muy pocas aves reutilizan los nidos todos los años: algunos córvidos, las aves rapaces y las cigüeñas, por ejemplo y en ocasiones estos nidos son demasiado grandes y pesados.

Lo mejor es no recoger los nidos antes del otoño; para entonces las aves ya los habrán abandonado. A principio del invierno, con la caída de las hojas, muchos se hacen visibles. Muchos de estos nidos están situados en los extremos de las ramas de árboles muy altos, por lo que resulta muy arriesgado intentar recogerlos. Es más fácil hacerse con los de las aves que nidifican en setos y a poca altura.

Los nidos abandonados constituyen una materia de estudio y también material para nuestra colección natural.

Aunque existen guías de identificación de nidos, muchas veces no es fácil saber qué especie lo construyó. Puede ayudar encontrar un huevo no eclosionado en su interior (que supondrá un valioso tesoro para nuestra colección de historia natural) o restos de cáscaras por los alrededores que los padres tiran cuando nacen los polluelos. Pero creo que lo mejor es recolectar sólo los nidos que hayamos descubierto durante la primavera o el verano, en muchas ocasiones de casualidad, cuando la especie lo está utilizando, ya que así sabremos sin lugar a dudas quién es su dueño. Es prioritario no acercarnos demasiado al nido ni molestar a las aves para que no lo abandonen antes de terminar la cría de los pollos.

Para recoger el nido pueden ser necesarias unas tijeras de podar para cortar algunas ramas y unos guantes para protegernos de los arbustos espinosos. A veces los nidos están simplemente encajonados entre unas ramas con forma de horquilla, otras los fijan firmemente a las ramitas. En cualquier caso, antes de proceder a la recolección, es buena idea tomar notas de su ubicación concreta, de su altura con respecto a suelo, de su tamaño, etc. podemos sacarle alguna foto y realizar un boceto en nuestro cuaderno.

La forma más eficaz de identificar a la especie que realiza un nido es descubrirlos mientras las aves aún están anidando. Este es de curruca capirotada.

Una vez recogido el nido lo introduciremos en una bolsa de plástico con unas bolas de naftalina y lo dejaremos unos días para matar a las pulgas y otros insectos que podrían picarnos o deteriorar el nido. Si lo introducimos en una caja rígida de plastico o de cartón evitaremos que se deteriore dentro de nuestra mochila.

Con el nido ya en nuestro laboratorio, tenemos dos opciones. Podemos conservarlo tal cual para exponerlo en nuestra colección de historia natural, en cuyo caso Gerald Durrell recomienda echarle un poco de laca u otro spray fijador con el objeto de mantener las fibras que lo componen en su sitio. O bien podemos diseccionarlo para comprobar qué materiales y en qué cantidad emplea esa especie para fabricar sus nidos. Estos pueden variar en función del hábitat, por ejemplo, un pájaro de ciudad va a encontrar materiales distintos que uno de campo.

 

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