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Estudio de las playas y la costa

Manual del naturalista (cómo observar la naturaleza)

Un día en la playa para un naturalista de interior es una experiencia fascinante. El oleaje y las mareas arrojan a la orilla multitud de restos naturales muy interesantes: esqueletos y caparazones de animales marinos, algas de diversos tipos y colores, conchas… en torno a ellos se concentran gaviotas y otras aves en busca de alimento.

La búsqueda entre estos restos nos llevará a hacer descubrimientos muy apropiados para añadir a nuestra colección natural, como conchas de diversas especies de moluscos, caparazones de erizos, caparazones de cangrejos, huevos de tiburones y rayas...

También podemos hacer descubrimientos peligrosos, como las medusas. Producen picaduras muy dolorosas y el veneno de alguna de ellas es extremadamente peligroso. Nunca debemos manipularlas, incluso aunque parezcan que están muertas.

Los charcos que la bajada de la marea deja entre las rocas guardan pequeños tesoros para el naturalista. Aquí vemos, apretados en un pequeño espacio, actinias y erizos de mar.

Puede que sólo nos acerquemos a la playa en verano. Está bien, pero no será el mejor momento para un naturalista debido, no sólo a la masificación, que es posible evitar madrugando, sino a que los equipos de limpieza de los ayuntamientos limpian la arena para los veraneantes llevándose la basura y de paso la mayoría de los restos marinos interesantes. Para un naturalista es mejor ir fuera de las épocas turísticas para encontrar playas más “naturales”. Si no nos queda más remedio que ir en verano, podemos indagar en mapas o preguntando a los vecinos por alguna playa que, por pequeña, alejada, sin servicios o de difícil acceso, esté poco concurrida y el ayuntamiento no le dedique tanta atención.

Otro mundo fascinante son los charcos que la marea al bajar deja en las rocas. Están repletos de algas y animales vivos que podemos observar: caracoles, camarones, actinias, peces… Observa qué especies se encuentran en los charcos y cuales sobre las rocas, hasta que altura llegan y como se defienden de la desecación de sus cuerpos. También puedes encontrar diferentes especies de algas, tema que trataremos en otro artículo.

En la costa podemos encontrar multitud de habitats distintos: playas, acantilados, dunas, marismas, rías...

Puede que el reflejo del sol nos moleste para ver el fondo, en ese caso podemos utilizar unas gafas de bucear que introduciremos un par de centímetros bajo el agua y así eliminaremos los reflejos. Una red con mango nos permitirá capturar los animales más inquietos, como peces y camarones. Podemos introducirlos en un bote de cristal para observarlos y tomar notas antes de devolverlos al agua. También podemos encontrar cangrejos, pero suelen permanecer ocultos en las grietas y las zonas más inaccesibles, para atraerlos les echaremos trocitos de calamar fresco y permaneceremos después inmóviles para no asustarlos mientras se acercan a comer.

A lo largo de las líneas de la marea de la playa nos esperan montones de sospresas arrastradas por las olas.

No debemos olvidar que el marisco es una fuente de ingresos para muchas familias que viven del mar. En muchos lugares, mariscar (recoger moluscos, cangrejos, percebes, etc.) sólo les está permitido a estas familias, a los mariscadores. Debemos respetarlo, no sólo porque les quitamos el pan, sino porque el marisqueo ilegal puede estar sancionado con fuertes multas.

Las costas también tienen asociadas gran cantidad de especies de aves que encuentran aquí su fuente de alimento. El mejor momento para observarlas en España y, en general, el sur de Europa, es entre los meses de noviembre y febrero, cuando vienen a pasar el invierno las especies que crían en el norte de Europa. Para ello necesitaremos unos prismáticos o un telescopio.

Los habitats costeros poseen unas plantas características

No podemos olvidarnos de la vegetación. El viento, la arena, las rocas y el salitre del mar imponen unas duras condiciones de vida para las especies vegetales, por lo cual aquí encontraremos plantas muy especializadas, adaptadas a vivir en este tipo de ambientes, que no hallaremos en otros lugares. Estos hábitats costeros, como las dunas, son muy frágiles; el urbanismo desmesurado y la presión turística han acabado con ellos en muchos lugares, así que hay que ser muy cuidadoso, procurar no pisotear las dunas, caminar por las zonas dispuestas para ello y preferir la fotografía a la recolección.

Profundizaremos en los diferentes hábitats que podemos encontrarnos en la costa en próximos artículos.

 

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