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Estudio de las aves (Ornitología)

Manual del naturalista (cómo observar la naturaleza)

Identificación

El primer paso que dará el naturalista aficionado a la ornitología será aprender a identificar las aves de su entorno. Sus herramientas serán, casi siempre, unos prismáticos y un cuaderno con lápices para tomar notas. Si vivimos en el campo o cerca de él, no tendremos más que salir de casa para toparnos con el objeto de nuestro estudio. Si vivimos en la ciudad, acudir a un parque o un jardín es un buen comienzo.

Las aves más confiadas, normalmente las que viven en contacto con las personas, nos permitirán acercarnos relativamente cerca de ellas, y, con un poco de suerte, permanecerán tiempo suficiente para que podamos tomar unas notas valiosas sobre el color de su plumaje, las cuales nos ayudarán a realizar nuestras primeras identificaciones con ayuda de una guía de aves y adquirir soltura a la hora de ilustrar con bocetos y añadir notas en nuestro cuaderno de forma ágil. Para ello será de gran ayuda familiarizarnos con la terminología anatómica de las aves, que se puede ver en la ilustración.

 

Pero no siempre las condiciones lumínicas y la proximidad de las aves serán favorables para ver claramente los colores. Por otra parte, algunas aves son tan parecidas que a cierta distancia no son fáciles de diferenciar. En estos casos debemos basarnos en otros aspectos con los que también nos iremos familiarizando desde el inicio de nuestras observaciones.

La forma del ave, su silueta, la forma y proporción de la cabeza, cuello, cola, patas... puede ser de gran ayuda, así como su tamaño si tenemos como referencia alguna ave conocida. En el caso de algunas aves, como las rapaces diurnas, tendremos que valernos en muchas ocasiones de su silueta en vuelo para identificarlas.

La forma de moverse también puede ser una buena referencia; los páridos como el herrerillo común hacen equilibrios en la punta de las ramas, los agateadores comunes trepan a base de saltitos por los troncos de los árboles, mientras que el trepador azul, que se mueve también por los troncos, es capaz de desplazarse por ellos cabeza abajo.

El canto de las aves es otra importante pista de identificación. En determinadas situaciones, es el medio más seguro, por ejemplo en los lugares donde conviven el mosquitero común y el mosquitero musical, que presentan una forma, coloración y tamaño muy difícil de diferenciar a simple vista. Sin embargo, es muy difícil describir el canto de los pájaros; los libros de consulta lo hacen forma onomatopéyica, lo cual no suele resultar muy eficaz. Son más útiles las grabaciones; las hay a la venta, pero son escasas y difíciles de encontrar; también podemos encontrar en Internet páginas Web que tienen cantos de aves. En nuestra Guía de la Naturaleza de aves tenemos algunas. Antes o después el ornitólogo aficionado deseará realizar sus propias grabaciones. Para ello puede servirte de ayuda nuestro artículo “cómo hacer un equipo de sonido para grabar voces de animales”.

El estudio de las aves

Para muchos naturalistas aficionados, el placer de la identificación de las aves y quizá su fotografía es suficiente recompensa. Para otros aprender a identificarlas sólo es el primer paso para estudios más amplios sobre su biología y costumbres. En este caso es una buena idea ponerse en contacto con las sociedades ornitológicas regionales o nacionales -en nuestro caso la Sociedad Española de Ornitología www.seo.org- que podrán asesorarnos y con las cuales podremos colaborar.

En principio, las aves pueden estudiarse con unos simples prismáticos en cualquier época del año, si bien para obtener determinados datos hay que recurrir a métodos como el anillamiento de las aves, que suele estar regulado y sólo se autoriza en estudios serios.

En primavera podemos observar qué aves llegan del sur y cuales se van al norte y en qué fechas; quizá podamos ver cómo lo hace cada especie: en bandadas, en parejas o de forma individual, de día o de noche, con buen o mal tiempo. También es interesante saber si siempre van al mismo lugar. Existen algunos lugares a donde los ornitólogos acuden a ver estos pasos migratorios, como Estaca de Bares.

En esta época muchas aves comienzan a cantar. Otras ya han empezado en invierno. Hay aves que tienen diferentes tipos de cantos, reclamos y voces de alarma, las hay que prefieren cantar a una determinada hora del día, algunas imitan el canto de otras aves.

También es el momento de la reproducción; las aves comienzan a fabricar sus nidos y se las puede ver volando con ramitas y otros materiales en los picos. Podemos averiguar dónde prefieren nidificar: en el suelo, a media altura, en agujeros, en las ramas de los árboles..., qué materiales prefieren para fabricar sus nidos. Hay que tener mucho cuidado al observar los nidos y hacerlo siempre desde una distancia prudente que no perturbe a los animales y bien camuflados, de lo contrario las aves podrían abandonar el nido y a sus polluelos. Utilizar cajas nido es una buena manera de estudiar esta faceta. Podremos conocer datos sobre la puesta, si incuban los dos padres o sólo uno, durante cuánto tiempo alimentan a los polluelos, con qué frecuencia los alimentan, qué les dan de comer, cuándo se independizan las crías, cuantas puestas realizan al año. Es posible que tras la finalización de la cría encontremos perdido en el fondo del nido algún huevo sin fecundar que podremos conservar como una muestra más para nuestro estudio.

Cuando llega el otoño vuelven las migraciones. Podremos ver entonces qué aves se van y cuales llegan igual que a principios de primavera y qué factores influyen en el comienzo de estos viajes.

Durante el invierno muchas aves cambian de hábitos y de conducta con lo que el trabajo comienza de nuevo. Probablemente varíe su alimentación, quizá vayan en grupos con otras aves o tengan dormideros. En esta época es fácil atraerlas a los comederos artificiales, donde podremos observar sus jerarquías a la hora de alimentarse y también fotografiarlas.

Al llegar la primavera comienza de nuevo el ciclo.

 

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