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Cómo coleccionar plumas, alas y huevos de aves

Manual del naturalista (cómo observar la naturaleza)

Las plumas les sirven a las aves principalmente para volar y para mantener el calor, si bien pueden tener otras finalidades, como ejercer de reclamo sexual.

Si observáis una pluma con una lupa de bolsillo veréis que las barbas están unidas por unas diminutas bárbulas entrelazadas que poseen una especie de ganchitos con los que se fijan entre si. De esta manera podemos separar las barbas tirando de ellas, y volver a unirlas frotándolas suavemente desde el cañón hasta el extremo de la barba, ya que las bárbulas volverán a engancharse.

Las plumas de las aves son diferentes según su función. Las plumas blandas o de plumón funcionan como aislante y mantienen el calor. Las plumas rígidas sirven para volar. Las plumas primarias de las alas son las más exteriores y se caracterizan por ser afiladas y por tener el cañón muy descentrado. Las plumas secundarias de las alas también tienen el cañón descentrado, pero no son puntiagudas como las anteriores. Las plumas de la cola son fáciles de reconocer, ya que tienen el cañón centrado.

Coleccionar plumas

Como naturalistas, podéis realizar una interesante colección con las plumas de las aves. Éstas se pueden encontrar durante los paseos en plena naturaleza en cualquier época del año, aunque se encontrarán más a principios de la primavera, cuando las aves comienzan a mudar.

No obstante, excepto que se trate de plumas muy concretas y características, como las azules de los arrendajos, será muy difícil identificar a su dueño, incluso consultando guías especializadas.

Colección de plumas

Rescatadas del olvido para poner sus fotos en este artículo tras treinta años en el trastero, aqui están algunas de las joyas de la pequeña colección de historia natural que tenía cuando era niño. Las plumas de esta colección son de un pito real que me encontré muerto cerca de un hormiguero.

Si queremos tener una colección de plumas identificadas lo mejor es obtenerlas de las aves muertas que, de cuando en cuando, encontraremos por nuestros paseos por el campo o por las carreteras. Cuando esto suceda, aprovecharemos la oportunidad y recogeremos muestras de plumas de las alas, de la cola, y del cuerpo, además de aquellas representativas por poseer una coloración o forma que caracteriza a la especie. No es necesario desplumarlas completamente, pero no nos conformemos con una de cada; al fin y al cabo el ave ya no las necesitará y podemos emplearlas de varias maneras.

La forma más vistosa de exponer nuestra colección así obtenida es en una vitrina para cada especie y colgada en la pared. En mi infancia confeccionaba las vitrinas con cajas de madera de puros que me daba mi tío: sustituía la tapa por un cristal que pegaba con esparadrapo de tela a modo de marco. Es un método perfectamente válido, aunque un poco chapucero y seguro que vosotros sois capaces de mejorarlo. Fijaba las plumas sobre una cartulina con celofán; las más grandes por la base del cañón, las más pequeñitas y el plumón las cubría por entero con celofán. Finalmente, la cartulina la pegaba en el fondo de la caja de puros y colocaba el cristal fijándolo con el esparadrapo. Las plumas pegadas con celofán no pueden sacarse para observarlas, por eso es importante tener mas archivadas.

A parte de los nombres común y científico del ave, es interesante indicar al lado de cada pluma la parte del cuerpo al que corresponde, y una reseña sobre la fecha y el lugar donde las recogísteis.

Otra forma de guardar las plumas es en un cuaderno de anillas. Sustituiremos las hojas por cartulinas, qie nos proporcionarán más rigidez. Simplemente hay que cortar con ayuda de un cúter unas tiras en las cartulinas para mantener fijas las alas. Cuando lo hagáis, colocad algo rígido debajo de la hoja para no cortar también las de abajo. Indicaremos los mismos datos que en el caso anterior. De esta forma podemos sacarlas y observarlas cuando queramos, aunque las plumas, especialmente las más pequeñas, pueden soltarse y desplazarse con mucha facilidad. En este caso podemos introducirlas en pequeñas bolsitas de cierre hermético que graparemos en la cartulina junto con el resto de plumas que pertenecen a cada especie.

Para guardar las plumas mientras no las expongamos o las que nos hayan sobrado, podemos utilizar dos de los elementos más útiles en la casa de un naturalista aficionado: las cajas de zapatos y las bolsas para congelados. Las meteremos en una de estas bolsas, que tienen cierre hermético, anotaremos en ella todos los datos con un rotulador que escriba sobre plástico y las guardaremos en nuestra caja de zapatos dedicada a las plumas.

Ala de Pito Real

Las vitrinas, por la que se nota el paso del tiempo, no eran muy eleboradas: una de las apreciadas cajas de puros que me proporcionaba mi tío cuando venía en verano, un cristal comprado en la ferretería de la esquina y todo ello unido y envuelto con esparadrapo de tela. Ésta es una ala de Pito real, que forma parte del hallazgo anterior.

Coleccionar alas

A parte de las plumas, también podemos aprovechar las alas de las aves muertas encontradas durante nuestras salidas al campo para enriquecer nuestra colección de historia natural. Tendremos que cortarla por la base y ponerla a secar estirada y fijada con alfileres sobre una tabla. No deben de tener mucha carne, porque ni siquiera recuerdo que durante este proceso las alas despidieran mal olor.

En este caso, dado su volumen, lo mejor es exponerlas en una vitrina fijadas con alfileres.

Ala de urraca

Estas tres joyas de mi colección las tenía colgadas en mi cuarto, alineadas verticalmente. Ésta es una ala de Urraca que ya he olvidado cómo y dónde encontré.

Coleccionar huevos

No es necesario decirle a ningún amante de la naturaleza que los naturalistas del siglo XXI no expolian los nidos de las aves para enriquecer colecciones de huevos. No obstante no deben desaprovechar la ocasión de recoger los que encuentren sin eclosionar en las cajas nido cuando las limpien a principios del otoño.

Probablemente no serán muchos los que consigan, pero precisamente por eso serán más apreciados. Mi valiosa colección de huevos de cuando era niño constaba de tres ejemplares: uno de herrerillo común encontrado sin eclosionar en una caja nido y dos de periquito (no me merecían tanto mérito, pero rellenaban).

Pequeña colección de huevos

Una pequeña colección de huevos: los de la izquierda son de periquitos; el de la derecha, de herrerillo común. Todos recogidos tras no eclosionar y quedar abandonados en los nidos.

También podéis recoger cáscaras de huevos. Cuando los huevos eclosionan, los padres tiran las cáscaras fuera del nido y es posible encontrarlas entonces por el suelo del campo. Se pueden intentar identificar con ayuda de guías especializadas, aunque no será tarea fácil.

Tanto las cáscaras como los huevos se lavarán, si es necesario, con agua, jabón y mucho cuidado, ya que son muy frágiles; y se les quitará la tierra con ayuda de un pincel suave. Los guardaremos en cajitas con algodón.

 

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